septiembre 7, 2018

La excepcional despedida de Soichiro Honda

Soichiro Honda se despidió de este mundo de la misma forma en la que vivió: a su manera. El fundador de la compañía planificó meticulosamente su funeral, ya que sabía que su nombre y su vida no podían separarse de la marca que había creado.

Cuando llegó el momento, el 5 de agosto de 1991, Soichiro tenía 84 años, y las personas a cargo de organizar su despedida siguieron los deseos del anciano. Fue un evento abierto a todo el mundo que celebró su vida y la de la compañía que llevaría su nombre hasta muchos años después de su partida.

Muchas veces, en los años anteriores, había repetido: “Tuve la oportunidad de vivir una vida maravillosa gracias a nuestros clientes, colaboradores, gente de la sociedad, y empleados. Cuando muera, por favor poned un mensaje en los periódicos de todo el mundo que diga: ‘Muchas gracias’.

Una ceremonia de apreciación

Hasta su última voluntad fue un acto de integridad en línea con su filosofía de vida. Su gratitud hacia toda la gente que contribuyó de una manera u otra a su vida y a su empresa debía ser la idea central del funeral público. De esta manera las ceremonias celebradas en las sedes y fábricas de la compañía  fueron bautizadas como «Orei-no-kai», que puede traducirse más o menos como «encuentro para dar las gracias».

Una fotografía del fundador en medio de un gran panel, cómo no, de color rojo intenso en el que estaba escrita la palabra ‘gracias’, daba la bienvenida a los visitantes. Según sus deseos, en los actos se exhibieron productos representativos de la compañía como símbolo de su pasión de ingeniero-inventor de soluciones para la gente corriente, junto con una muestra de los numerosos cuadros que pintó durante los últimos años de su vida, símbolo de la «larga y feliz vida» por la que quería expresar su gratitud.

Sin congestión de tráfico, por favor

El fundador de Honda había bromeado con este aspecto. Un acto público que no estuviera bien pensado podría provocar atascos. «Después de vivir toda mi vida como fabricante de automóviles, ¿cómo voy  a provocar un atasco el día de mi funeral?», razonaba.

Sus palabras no cayeron en saco roto. Para evitar generar problemas de tráfico en la ciudad, la ceremonia en las oficinas centrales de Aoyama, Tokio, duraron tres días, durante los que las puertas estuvieron abiertas a todo aquél que quisiera ir a rendir homenaje al gran ingeniero, de diez de la mañana a cinco de la tarde.

Los horarios de los eventos salieron publicados en los principales periódicos de Japón, y los organizadores contaron un total de 62.000 visitas de lo más variopintas: empleados, conocidos, propietarios de coches Honda, fans de las carreras de Fórmula 1… Fue un evento sin precedentes en la historia del país nipón, ya que nunca antes una compañía se planteó hacer otra cosa distinta a un funeral corporativo.

La extraordinaria vida de un hombre único terminó, como no podía ser de otra manera, con un acontecimiento fuera de lo común. Una despedida muy alejada de las costumbres y formalidades japonesas, con la que una vez más Soichiro Honda expresó su carácter único.