noviembre 8, 2018

«Odio el diésel», o cómo nació el primer motor diésel ‘made in’ Honda

El futuro a largo plazo es eléctrico, de eso no hay duda. La necesaria transición hacia una movilidad más sostenible, sin embargo, es un camino largo y complejo, que requiere un cambio de mentalidad y político a todos los niveles. No hay atajos. Por el momento, todas las tecnologías tienen un papel que cumplir para ayudar a la industria de la automoción a alcanzar sus objetivos de reducción de emisiones y ajustarse al nuevo escenario. El diésel, también.

Hoy que tanto se oye hablar sobre los diésel, rendimos homenaje al i-CTDi, el primer motor diésel desarrollado por Honda. Si tenemos que decir adiós, que sea con honores.

¿Puede el odio ser bueno?

Según la filosofía de Honda, sí. De hecho, el  i-CTDi llegó en 2003 al son de “Hate something, change something”, una canción con buena onda que acompañaba un entrañable y colorido anuncio lleno de las más adorables criaturas de dibujos animados. Y es que «odiar algo», si estamos preparados para pasar a la acción, es el principio de una mejora.

Eso es exactamente lo que dice la letra de la pegadiza canción de la mítica campaña: “¿Puede el odio ser bueno? ¿Puede el odio ser genial? ¿Puede algo que no odias nacer del odio?». Mientras, en la pantalla, todo un despliegue de positividad. Multitud de coloridos animales, que representan los valores centrales de protección ambiental, inocencia y disfrute de la vida, hacen uso de su odio para atacar y destruir los viejos motores diésel voladores. Unos irónicos conejitos con cascos aislantes del ruido, los rematan al más puro estilo Legolas. Resultado: un nuevo motor diésel mucho más silencioso, limpio y estético.

El spot del i-CTDi, cuyo título oficial era «Grr», marcó un hito publicitario y comercial en la historia de Honda. Como ya comentamos en el artículo «Los 10 mejores anuncios de Honda», el anuncio fue todo un éxito de crítica. La campaña, que incluía también un videojuego, fue la más premiada del año: se llevó muchos de los premios de la industria, entre ellos el Grand Prix del Festival Internacional de la Publicidad de Cannes. La revista americana Adweek incluso lo declaró anuncio de la década en 2009.

«Odio el diésel»

El concepto central de la campaña nació a partir de la historia real de Kenichi Nagahiro, el ingeniero creador del aclamado sistema de distribución variable VTEC de la marca, que también se encargó del desarrollo del i-CTDi. “I hate diesel” (odio el diésel), solía decir.  Son ruidosos, huelen mal, son contaminantes…

Es fácil de imaginar que Nagahiro no se puso muy contento cuando la compañía le pidió que estuviera al frente del desarrollo de su primer motor diésel. Sin embargo, se puso a ello, y evidentemente trató de cambiar todas aquellas cosas que detestaba de los motores diésel, con sorprendentes resultados. Su odio resultó muy útil. «No es maravilloso cuando un diésel funciona así?», continúa la canción del spot en el momento de la mágica transformación.

Honda estrenó el primer motor 2.2 i-CTDi, de 4 cilindros en línea y 2,2 litros de cilindrada (140 CV), en el Honda Accord de 2003, y causó verdadera sensación. Su suavidad de funcionamiento, prácticamente sin vibraciones,  hizo que se confundiera fácilmente con un motor de gasolina.

Un diésel a la cabeza de la reducción de emisiones

El i-CTDi estaba fabricado en aluminio, y utilizaba una técnica compleja que permitía reducir significativamente el peso y mejorar la estabilidad térmica. El diésel ‘made in’ Honda no sólo se convirtió en un referente para la industria por sus niveles de rendimiento, refinamiento y agradable manejo. También destacó por su bajo consumo y emisiones, que cumplían con la normativa más estricta de la época, la Euro 4.

El tratamiento de un coche diésel nuevo en estos momentos, a efectos de posibles restricciones, es exactamente el mismo que el de un vehículo de gasolina moderno. Para determinar cuán contaminante es un automóvil se utiliza el etiquetado de emisiones de la DGT, y los diésel modernos disfrutan exactamente de la misma etiqueta que sus homólogos de gasolina, la etiqueta C. Diferente, eso sí, es el caso de los vehículos diésel de más de tres años.