enero 20, 2020

¿Adiós al retrovisor? Historia de un espejo centenario

Más de cien años después de que se inventara, parece que el retrovisor tal y como lo conocemos se jubilará pronto, desplazado por las cámaras y los monitores que llegan con las nuevas tecnologías. La resistencia aerodinámica y los ángulos muertos son sus principales pegas, y los modelos más avanzados, como el automóvil eléctrico Honda e, ya no cuentan con él. Pero ¿cómo se convirtió este peculiar espejo en un estándar global? Parece que todo comenzó con la idea audaz de Dorothy Levitt, la primera mujer piloto en ganar una carrera de coches en 1903.

Un invento centenario

En 1903, la británica Dorothy Levitt se convirtió en la primera mujer piloto que ganaba una carrera de automovilismo. Suya fue también la idea que quizá inspiró la invención del espejo retrovisor moderno, que años más tarde se convertiría en parte fundamental de la fisonomía de cualquier vehículo.

“Las mujeres deberían colocar un pequeño espejo de mano en un sitio adecuado del coche y elevarlo de vez en cuando para poder mirar hacia atrás”, escribió en su libro “The Woman and the Car: A Chatty Little Handbook for the Edwardian Motoriste” (La mujer y el coche: manual fácil para las motoristas eduardianas), publicado por primera vez en 1909. Quizá fue el uso casual de este objeto habitual en el bolso de las mujeres el que dio origen a un componente imprescindible hasta nuestros días.

Del bolso a las carreras

En 1910, apareció el que se considera el primer automóvil de la historia equipado con un retrovisor: el monoplaza Marmon Wasp, también conocido como “Yellow Jacket”. Debido a un error de cálculo, el fabricante construyó un monoplaza en lugar de un biplaza, como era estándar entonces. No había, pues, espacio para el mecánico que debía informar al piloto sobre la situación en pista de sus rivales. Apremiados por la necesidad del momento, los ingenieros inventaron un artilugio para que Harroun pudiera ver lo que ocurría por detrás de él: un espejo situado estratégicamente salvó la carrera. Con el piloto Ray Harroun al volante, el “Yellow Jacket” se alzó con la victoria en la primera edición de las 500 Millas de Indianápolis.

Sin embargo, habría que esperar hasta 1921 para que se registrara, a nombre de Elmer Berger, la patente del invento de un visor colocado para que refleje lo que ocurre detrás del automóvil.  En los años 30, el retrovisor ya se había convertido en un elemento estándar de la producción general de vehículos.

Adiós al retrovisor

Quién sabe cuántos accidentes (y episodios de tortícolis) nos han ahorrado los retrovisores a lo largo de todo este tiempo. Sin embargo, con la llegada de las nuevas tecnologías, las cámaras y los sensores, parece que los tradicionales espejos están a punto de desaparecer. La industria ha encontrado sustitutos más eficientes: la tecnología nos va a permitir terminar de una vez por todas con el infame ángulo muerto.

En los últimos años ya han empezado a utilizarse sistemas que integran sistemas de cámaras y pantallas, una tendencia que se acelerará en los próximos años.  La silueta de los automóviles, hasta ahora tan condicionada por estas cruciales «orejas», está a punto de cambiar para siempre, un cambio que se espera que traiga tanto mejoras de seguridad como de aerodinámica y ahorro energético. Sin embargo, es probable que se mantengan algunos retrovisores como medida preventiva.

Honda e: la nueva generación de retrovisores digitales

El nuevo modelo eléctrico de Honda llega equipado con un innovador sistema tecnológico de retrovisores que sustituye los espejos exteriores por cámaras compactas integradas en el perfil del automóvil. El conductor del Honda e podrá ver las imágenes capturadas en tiempo real en dos pantallas ubicadas a ambos extremos del salpicadero.

La solución al legendario problema del ángulo muerto, así como mejora de la aerodinámica y de la eficiencia de combustible resultante, son sólo algunas de las ventajas de este nuevo sistema. A éstas hay que añadir también una importante mejora de la visibilidad en condiciones meteorológicas adversas. Las cámaras se ajustan automáticamente a los niveles de luz para ofrecer una claridad superior a los espejos convencionales y evitar que se produzcan deslumbramientos o brillos durante, por ejemplo, la conducción nocturna.

Tomen la forma que tomen, sin embargo, los retrovisores mantienen su espíritu como componentes fundamentales para la conducción segura. Tres hurras, pues a todos y todas los que han contribuido a desarrollar la idea original a lo largo de la historia.